El espacio ideal para escribir
Todo escritor, sea novel o sea autor consagrado, ama escribir. Ese momento en que se apodera de las palabras para plasmar en el papel lo que su mente imagina no es sino un momento de placer, casi como un capricho del alma. Si bien la presión para alcanzar el éxito puede convertir ese placer en agonía, partimos de la base de que escribir es una libre elección, algo que decidimos hacer porque, al margen de nuestra calidad literaria, nos hace felices, nos proporciona placer y nos hace sentir bien con nosotros mismos.
Crear, en nuestro caso escribir, es un placer, y debe por tanto hacerse a través de un espacio también gratificante, que esté a la altura de la situación, nos mime a nosotros como creadores y retroalimente el sentimiento de satisfacción. Si cuando miramos una película nos gusta hacerlo cómodamente en el sofá, con la bebida al lado y con todo preparado para no tener que levantarnos mientras dure, cuando escribimos no va a ser diferente. Intención y atmósfera deben confabularse a nuestro favor para hacernos sentir que no hay otro sitio en el que querríamos estar más que allí, escribiendo.
¿Y cuál debe ser este espacio ideal? Pues en verdad dependerá de cada uno. Así, a grandes rasgos, podríamos decir que el lugar adecuado para escribir debe ser un espacio ordenado, con una mesa, con un ordenador o una hoja de papel en blanco y un boli, con manuales y libros de consulta a mano (diccionarios, manuales de estilo…), con un foco de luz a la izquierda y con una temperatura agradable. Además, debe ser un lugar tranquilo y que permita que nos concentremos.
No obstante, como ya he dicho, en verdad no hay un único espacio ideal sino muchos; casi podríamos decir que hay uno de diferente para cada escritor. Algunas personas —ya sea porque en su casa viven muchas personas y no encuentran en ella la tranquilidad necesaria, ya sea simplemente porque les inspira más— se sienten más cómodas escribiendo fuera de casa: en la biblioteca, en la sala de espera de una estación… o incluso al aire libre, en la montaña, en un parque o en un banco cerca del mar. Otros prefieren sitios menos tranquilos, como una cafetería o una terraza en el centro de la ciudad. Tal vez porque tienen la capacidad de anular los ruidos en su mente o de convertirlos en un simple murmullo, y porque esos sitios, las personas que los frecuentan, pueden servirles de inspiración. De la misma manera, algunos de los que trabajan en casa prefieren el silencio absoluto, mientras que otros optan por una suave música de fondo.

En definitiva, todo es válido si te hacer sentir cómodo y a gusto. Esto es lo único realmente importante. Si todavía estás buscando tu espacio ideal para escribir, intenta en distintos lugares y con distintos materiales (un ordenador, una máquina de escribir, un cuaderno con boli o con pluma…) y ve viendo cuál de ellos te da mejor resultado. Si estás a gusto en más de uno no te preocupes. Puedes elegir uno de ellos o ir cambiando de sitio. Todas las opciones serán buenas, como digo, si te encuentras cómodo y capaz de zambullirte con placer y sin obstáculos dentro de la ficción literaria.