La cantidad de manuscritos que hoy en día reciben las editoriales españolas es enorme; se estima que, de cada mil libros presentados, solo se publica uno.
En realidad, los consumidores son demasiado reducidos para una oferta tan alta de títulos. Por ello, las editoriales tienen un elevado nivel de exigencia, endurecen sus criterios de selección y no arriesgan por una obra que no sea de calidad y que no ofrezca las garantías para que, como mínimo, puedan recuperarse los costes invertidos. Además, para hacer sostenible el sector ante la crisis económica y el auge del libro digital, la mayoría de ellas optan por editar menos libros y sacar de ellos menos ejemplares.
Para que una editorial tenga en consideración tu manuscrito, es necesario que sea atractivo y con estilo propio, es decir, con una temática de interés y un contenido singular y original que lo diferencie de la competencia. Además, debe estar bien escrito. El lenguaje es el hilo conductor de toda comunicación. Si la redacción de una novela no es clara, o usa una prosa pobre o con errores lingüísticos y gramaticales, una editorial no va a leer más que sus primeras páginas. Ten en cuenta que las empresas del sector andan saturadas de trabajo, que ni siquiera tienen tiempo de leer todo lo que les llega y que, por tanto, descartan rápidamente.
Someter tu manuscrito a la corrección y revisión profesional antes de presentarlo para su publicación se convierte así en un paso determinante para superar este filtro lingüístico y comunicativo de las editoriales, garantizando que el texto se adecúa en todo momento a la norma establecida por la RAE, que está correctamente construido y que la idea que pretende transmitir llega al lector de la forma más clara y precisa posible, sin trabas y sin ambigüedades.